Porque la vida debería ser

como es el jazz...

LIBROS PARA NIÑOS


Todo comenzó cuando...
Abaddon Tenebrae
Ahora somos dos
Diario de guerra del Coronel Mejía
El bondadoso rey
El honor o la muerte
Esa mañana
Fábula de la pelota y la fuente
Había una vez un niño llamado Perico
Informe preliminar sobre la existencia de los fantasmas
La armónica
La más densa tiniebla
Las mejores alas
Lorenza, bájate del perro
Los mil años de Pepe Corcueña
Margot - La pequeña, pequeña historia de una casa en Alfa Centauri
Mi abuelo es poeta
Pizzas en el espacio
Por el color del Trigo
Querido Tigre Quezada
Soldados en la lluvia
Un cuarto de Costura
Un viejo gato gris mirando por la ventana
Una canción por Temo
Una historia (más) de princesas
Ver pasar los patos


Todo comenzó cuando...


Resulta que inicié mi producción literaria cuando estaba muy chico. (¡Y yo que pensaba que había empezado a escribir prosa en uno de tantos momentos en que me aburría cuando Javier y yo teníamos atorada una obra de teatro!).

Pero no. La cosa viene de más atrás.

Cuando mis papás se mudaron definitivamente a La Paz, hace unos cinco años, comenzaron a hacer sacadero de cosas, lo que significa que me pusieron todo lo que no me llevé conmigo al abandonar el hogar paterno: un montón de porquerías como de medio metro que adornaba el centro de su sala. ("A ver qué te sirve porque todo lo demás se va a la basura".) De entre muñecos de acción descabezados y otros cachivaches apareció mi primer cuento. Y resulta que de terror.

Estoy indeciso en si reproducirlo aquí o no, porque sí da un poco de pena. Mi sospecha es que lo escribí entre los 8 y los 9 años (y que mi calidad literaria sólo ha mejorado un poco). Si recibo las suficientes peticiones (unas 250 mil, calculo), lo escaneo y lo subo.


Abaddon Tenebrae


¿A poco la Ouija es el único juego que puede poner los pelos de punta? Además, en estos tiempos, como que viene más a cuento algo con un poco más de lucecitas, ¿no? Pues de ahí nació la idea de Abaddon Tenebrae, un juego de computadora maldito. Aunque, ya siendo muy honestos, en realidad fue producto de la mágica concertación de voluntades (por muy pomposo que se escuche). Los siete autores del libro nos pusimos de acuerdo para escribir una antología de cuentos de terror y el resultado fue "Siete habitaciones a oscuras".
En algunas escuelas me han dicho que se han topado con el juego en internet, lo cual, a la fecha, no he podido comprobar. Así que se agradecerá el link si de veras anda por ahí (y de una vez el tip para matar al demonio).


Ahora somos dos


Muchas veces me han preguntado si mi escritura cambió en alguna medida cuando tuve hijos. Y casi siempre respondo que no, que soy inmune a los caprichos del destino, que las circunstancias me hacen los mandados y que mato rinocerontes a nalgadas. Pues sepan, pero no divulguen demasiado, que no es cierto. La verdad es que todo te afecta como escritor, desde con qué pie te levantas hasta con qué cara te ve la cajera del banco. Todo. Y claro, el tener dos niños en casa no fue la excepción. Este libro lo escribí justo como una respuesta a lo que viví en carne propia cuando llegó Mari Fer a destronar a su hermano mayor Bruno. Y aunque siempre digo que me cuesta mucho trabajo escribir para niños muy pequeños... gracias a esos dos enanos cada vez me cuesta menos. :)


Diario de guerra del Coronel Mejía


Mi tía Oli recitaba mucho (de hecho, creo que era el único poema que se sabía de memoria) "Fusiles y Muñecas" de Juan de Dios Peza. Creo que el diario de guerra sale de ese recuerdo de mi infancia. Aunque bastante hay también de lo mucho que nos fascinaba jugar a la guerra a Javier, a mí y a nuestros amigos entre los ocho y los doce años. Juan Kasuga y yo hasta acariciamos la idea de meternos a estudiar al colegio militar (gulp). Coleccionábamos todo tipo de modelos para armar de la segunda guerra mundial y hasta construíamos dióramas miniatura (la batalla de Berlín, la de Stalingrado, Iwo Jima...) con efectos sangrientos y explosiones de algodón. La verdad sea dicha, hasta teníamos cierta fascinación por los uniformes y los aviones de las potencias del eje (nos parecían, simplemente, "más padres".) Luego llegó a nuestras manos un ejemplar de "Los hornos de Hitler" y cambiamos los soldados por el futbol. Mi amistad con Juan Kasuga está retratada en la de Poncho y Bola de Arroz, por supuesto.


El bondadoso rey


Cuando eres escritor, hay historias que te ebullen por dentro, que te demandan ser contadas a como dé lugar, que no te dan respiro hasta que te decides a abordarlas. Esta es una de ellas. En principio creí que debía ser una historia larga, una novela infantil, un texto muy robusto en el que dos personajes, un chico y su abuelo, mostraran el grado de amistad y compenetración que tienen entre ellos para entonces... en fin, el caso es que al final, después de mucho pensarle, me di cuenta de que podía contarla en breves líneas si echaba mano de la ayuda correcta. Así que me acerqué a Valeria Gallo, amiga ilustradora a quien admiro mucho, y le pedí que la contáramos entre los dos. El resultado es esta maravilla de la cual me precio de formar parte. Una historia chiquita (como León) y grande a la vez (como León) de amistad y ausencia que nos ha dado a Vale y a mí muchas satisfacciones.


El honor o la muerte


Y hablando de libros íntimos, libros que uno necesita escribir aunque no sepa si son para niños, para los papás de los niños o para los papás de los papás de los niños. O para todos ellos juntos. La historia de "El honor o la muerte" me brincó a la cabeza justo cuando mi hijo Bruno ya empezaba a preferir juegos que no eran de imaginación sino de reglas; es decir, más el futbol que las batallas contra seres imaginarios. Creo que todos los papás lamentamos un poco eso, pero cuando eres escritor y te regodeas tanto en la imaginación, sí es un poquito más trágico este cambio. Con todo, no dejas de alegrarte de que los chicos crezcan, siempre y cuando no se apague esa luz que, tú bien lo sabes, ya despertará algún día.


Esa mañana


Una especie de homenaje a un libro y un escritor que me parecen fundamentales en la literatura infantil y juvenil universal. En la dedicatoria están las iniciales: M.S. Supongo que sabrás de quién se trata. Y sí, tiene también que ver con monstruos. Y también tiene que ver con malos comportamientos en los chicos. Y con ese sentimiento de transgresión que te hace sentir tan mal y tan lejos de todo... pero que, a la vez, es tan fácil de resolver. Un poquito de perdón y ya está, el mundo vuelve a su ritmo. En fin, que me pasa tan seguido en mi propia casa, con mis dos monstruos en edad escolar, que tenía que escribirlo. Además, las ilustraciones de Luis San Vicente están realmente soberbias.


Fábula de la pelota y la fuente


Quise escribir un relato sobre La Muerte en el sentido más mexicano (y más Pratchettesco (véase "El Segador")) posible. Y aprovechar para esbozar un pequeño tratado en torno a las cosas que en realidad conforman eso que llamamos vida, y que solemos dejar escapar como un suspiro. También hay un pequeño homenaje al pueblo de Cuetzalan, al que tengo especial aprecio pues ahí es donde, por primera vez, viví en serio las tradiciones del Día de Muertos. Nada, que creo que todos, como Luis Martínez, llegamos en algún momento a mojarnos los pies en una fuente... pero, lo que marca la diferencia, lo que en relidad consigue que dejes de tener miedo, es saber reconocer el valor del instante. Y no dejarlo ir tan fácilmente. Pues eso.


Había una vez un niño llamado Perico


Hay quienes no conciben el mundo sin libros, cierto. Pero, aún más allá, habemos quienes no concebimos el mundo sin los personajes de los libros. ¿Un mundo sin el Quijote, sin el Principito, sin Peter Pan? ¡Horrible! El solo imaginarlo me hace sentir triste. (Como a muchos, supongo). Por eso escribí las andanzas de Perico, porque creo que, en el fondo, todos desearíamos que los personajes se salieran de los libros y convivieran con nosotros. (Que le pregunten a Miguel de Unamuno, si no). Yo, por lo menos, no pierdo la esperanza de tomar una o dos clases en Hogwarts alguna vez.
Y por cierto, ¿sabías que en la dedicatoria del libro hay dos personajes que se colaron en la lista de autores? Descúbrelos y llévate gratis un pirrimplón azul desconchavado a tu casa. (Aplican restricciones).


Informe preliminar sobre la existencia de los fantasmas


Tenía la enorme necesidad de crear un personaje completamente distinto al Toño Malpica que fui a los14 años, uno de esos chicos que envidiaba en secreto porque sabían disfrutar la vida a manos llenas sin importarles una boleta repleta de cincos o el estar en constante pie de guerra con sus padres. (Yo más bien me cargaba durísimo a la ñoñez, para qué decir mentiras). El Gugu es un personaje que trabajé a cincel porque quería que fuera un fiel reflejo de ese tipo de muchachos. Me asesoré bastante con mi ahijado Diego, que en ese entonces tenía 14 años, y traté de mantener todo el tiempo al personaje en ese mood tan envidiable. No obstante, es a Cordelia, la antítesis del Gugu, a quien más me dan ganas de abrazar a lo largo de estas páginas, pues es ella la que revela mejor lo que quise decir con el libro, y a quiénes está dedicado en realidad. En fin, el texto es un pequeño llamado de atención al hecho de que todos somos más parecidos, entre nosotros, de lo que en principio creemos.


La armónica


A Javier y a mí nos invitaron a participar en una antología hace muchos años. La idea era escribir un cuento en torno a un objeto. A mí me toco una armónica. A la mera hora, dicha antología ni se armó; y el cuento se quedó haciendo polvo en el disco duro. Varios años después, me pidieron de El Naranjo algo para publicar, y yo, cruzando los dedos, mandé a Sir Oswald a la cruzada. El resto es historia. Y música empastada.

Con todo, no quiero dejar pasar la oportunidad de decir que el libro está contado en dos partes. En la primera aparece Sir Oswald Dough-A-Mcnally; en la segunda, Ruperto, un muchacho con autismo. (Ahora sé que así es como se debe decir: "con autismo" y no "autista"). Muchas cosas he aprendido al paso del tiempo con ese libro. Tuve la osadía de pintar a un muchacho como Ruperto y hoy, varios años después, puedo decir con toda humildad que: 1) apenas esbocé un personaje, sin mayores pretensiones que esa, 2) que éste NO es un libro sobre el autismo, 3) que el autismo NO es una enfermedad (también lo aprendí en su momento) y 4) que espero que todos aquellos que viven día a día esta compleja y maravillosa condición puedan perdonarme, algún día, mi osadía.


La más densa tiniebla


Siempre me pareció que los cuentos de Andersen tenían un muy buen componente siniestro. Tanto, que terminé por hacer este mínimo homenaje. (La verdad es que, bien visto, tampoco tiene tanto de original porque bueno, ¿quién no ha cerrado un libro de cuentos de este autor sintiéndose un poquito desolado, como si le faltara algo, tal vez un "vivieron felices para siempre"?) Con todo, he de decir que, si de por sí no se me da mucho el cuento, tuve que armarme de mucho valor para cometer esta tropelía. La sombra del maestro danés me acompañó durante todo el proceso y, como nunca se me apareció su espectro, quiero creer que no le molestó demasiado. Las ilustraciones, por cierto, de Joaquín Aragón, son todo un agasajo.


Las mejores alas


Este libro tiene la culpa de todo. Era el 2000 y Ediciones Castillo convocaba a un concurso en el que se entregaban un montón de premios. Recuerdo que Javier me dijo que tenía que entrarle a como diera lugar, pues siempre he escrito bastante rápido y la oportunidad lo ameritaba. Pues lo hice y me dieron un tercer lugar en la serie naranja (aunque yo creía que mi libro era serie verde; eso de los colores siempre me ha dejado un poco bizco). ¡Vaya! ¡Mi primer libro infantil obtenía un premio, así que tal vez no estuviera yo tan errado!
La idea de este librito surgió porque, en una ocasión, después de que un par de niños de la calle (bastante pequeños, como de la edad de Gus) limpiaron el parabrisas de mi coche, me percaté de que no tenía dinero. Terminé por obsequiarles unos dulces que sí llevaba. Les dio un montón de gusto. Así que me di cuenta de algo que muchos olvidamos y que sentí que valía la pena poner en un libro: que los niños de la calle, pese a todo, siguen siendo niños.


Lorenza, bájate del perro


Bueno... hay libros que casi casi nacen sin la ayuda de sus papás. Y este es uno de esos. "Lorenza, bájate del perro" apareció primero como un status de Facebook en torno a las travesuras de mi pequeña hija, Marifer. De ahí, dio el brinco a Santillana - Loqueleo. Y no ha dejado de dar satisfacciones. Desde el enorme milagro de conseguir que el enorme Manuel Monroy lo ilustrara, hasta el hecho de que le concedieran el premio al mejor álbum ilustrado en la FILIJ del 2016. Un libro de puro cotorreo que hace sonreír a más de un chiquilín (empezando por el chiquilín que lo escribió). La dedicatoria ("Para la princesa de la mafia"), por cierto, viene de un chiste local: Cuando Marifer tenía poquitos años, me gustaba preguntarle qué quería ser de grande: ¿Princesa o Jefe de la Mafia? y siempre contestaba: "Princesa de la mafia". Espero, claro, que no sea una especie de mal augurio, je.


Los mil años de Pepe Corcueña


Un libro que parecería tratar sobre muchas cosas (el secuestro, el poder de la imaginación, el perdón) pero que en realidad versa (y esto me ayudó a verlo una persona que lo leyó antes de ser publicado) sobre el reconocimiento y la aceptación "del otro", del que es distinto.
Uno escribe historias y no siempre sabe qué es lo que lo motiva a hacerlo. Para eso también sirven los lectores, para ayudarlo a uno a comprenderse como autor. Esa persona que lo leyó, igualmente se dio cuenta de que: "Cuando reconoces a otros como personas al contar un cuento o un chiste, ya no hay diferencia entre ser rico o pobre, bueno o malo, hombre o mujer. Y creo que de eso es de lo que en realidad se trata esta novelita.
Esta persona que leyó mi texto antes de ser publicado, al igual que Noé, también fue secuestrada hace muchos años. Y le estoy muy, muy agradecido por su lectura. A ella y al "divino laberinto de los efectos y de las causas" que consiguió que (cito por última vez): "A lo largo de la lectura subrayé frases que fueron familiares o situaciones que pasé muy parecidas a Noé [...] te puedo decir que el personaje tiene reacciones tan especiales que para mi dejo de ser un niño imaginario para convertirse en un ser real." Si no escribe uno para eso, ¿entonces para qué?

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Margot - La pequeña, pequeña historia de una casa en Alfa Centauri


Pues resulta que un día iba viajando en el metro de la Ciudad de México y tuve la fortuna de coincidir, en el mismo vagón, con el hombre más pobre del mundo. Y acaso el más triste también. Su sola mirada me dio la semilla de la historia. ¿Qué tal que este enternecedor individuo (palabra que parecía que estaba a punto de llorar) anduviera deambulando por el Distrito Federal buscando a su pequeña hija de 8 años, perdida en la gran urbe? Pues de esa sola pregunta nació Margot, uno de mis personajes más queridos y el que más rápido se me ha escapado de las manos. En muy poco tiempo creció mi pequeña Margot y se fue a dar la vuelta al mundo. Y hasta Alfa Centauri seguro que ya llegó. (Supongo que nunca me perteneció en realidad). Pero me queda la esperanza de un día encontrármela en la vida real. Y poderle dar las gracias. Y un abrazo muy fuerte con olor a violetas, lavanda y sueños perdidos y recuperados.


Mi abuelo es poeta


Pareciera increíble pero es uno de los libros que más trabajo me ha costado escribir. Quería hablarles a los niños de algo tan fascinante como es la poesía, pero sin aburrirlos y sin utilizar un tono que pareciera de "ya duérmete, chamaco", que se usa tanto en libros para niños chiquitos. Por eso me tardé un montón y por eso lo trabajé tanto en conjunción con Marisela Aguilar, la entonces editora de Progreso. Al final hasta hice trampa y metí algunos pedacitos de poemas de varios poetas que admiro. Lo cierto es que es mi mejor homenaje a esos seres que cada día están más escasos y cada día echamos más de menos en este mundo de cajita feliz y fenilalanina.

La poesía -todavía- es una de las cosas que menos entiendo y más disfruto.


Pizzas en el espacio


Siempre me ha chiflado la Ciencia Ficción. Los viajes en el tiempo. La posibilidad de viajar a velocidades cercanas a la de la luz. La vida en otros lugares del universo. Los puentes Einstein-Rosen. En fin, todo eso. Pues justamente es lo que hay en esta novela que ocurre en dos planos de tiempo y espacio. La verdad fue una gran fortuna que cayera en Alfaguara (cuando todavía se llamaba así) porque le pusieron un cuidado increíble. Hay partes que se supone que están escritas a máquina de escribir y así se ven en la página. (¡Pero como!, estarás pensando, ¿Una novela futurista con armatostes del siglo pasado?; y así es, pero no cualquier máquina de escribir, la de Stanislaw Lem (¿Quién? Bueno, tú léela)). Además, las ilustraciones del tremendísimo (Y poderoso) Kamui Gomasio son verdaderas obras de arte.


Por el color del Trigo


Un libro que habla sobre muchas cosas pero, principalmente, sobre la amistad. Tomé el pretexto de la vida de mi tocayo Tonio y la increíble dedicatoria que le puso a "El Principito" para bordar este entramado un poquito experimental (hay guiños muy fuertes al libro del muchacho de la capa y las botas, casi casi un homenaje (pero sólo el Dios de los libros podrá decir si le atiné o le dí en la torre)).
Lo mejor es que muchas de las anécdotas que en él aparecen son absolutamente ciertas y, por su carácter mágico, creí que valía la pena meterlas en un libro. (Éste, je). Las ilustraciones de Iban Barrenetxea son que ni mandadas pedir a Santa Claus. Sólo apto para quienes no temen aplaudir para salvar un hada atragantada con un hueso de pescado.

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Querido Tigre Quezada


Me gustó la idea de contar la historia de un niño como creo que lo hemos sido todos: super fanático del futbol y super malo para jugarlo. Además, todo tiene lugar en el 77, así que casi casi retrato mi infancia, cuando la primera película de Star Wars estaba recién estrenadita y todavía no sabíamos que íbamos a quedar en último lugar en el mundial de Argentina. Aunque sí hay que aclarar una cosa: yo soy puma de corazón y casi casi idolatraba a Cabinho como Tito idolatra al Tigre (pero no estaba tan mal de la cabeza como Oliver, tampoco exageremos).
Creo que es una de mis novelas más divertidas. Al menos yo me sigo riendo con ella cuando me la topo por accidente en el librero.


Soldados en la lluvia


Un libro en el mismo corte que "Los mil años de Pepe Corcueña", en donde abordo temas que me preocupan desde un punto de vista filosófico. La delgada línea que existe entre la bondad y la maldad en los seres humanos; la posibilidad que tenemos de escoger con libertad de qué lado de esa línea queremos estar; el discurso del castigo póstumo del que se ha valido la religión para conseguir que nos portemos bien...
En fin, una ensalada de temas en una historia pequeña donde intervienen personajes tan disímiles como un revolucionario inmisericorde, dos niños, un abuelo y la primera historia que se contó en el mundo.
Por cierto... el asunto del libre albedrío me brincó mientras leía "Al este del Edén", un libro de John Steinbeck que recomiendo mucho.


Un cuarto de Costura


Me acuerdo que de niño, pocas cosas me daban tanta risa que juntarme con mis hermanos y mis prim@s a hablar de cochinadas. Bastaba que la palabra caca asomara la nariz en el cuarto para que todos estalláramos en carcajadotas. Pues de eso va este libro llamado "Siete cuentos muy cochinos" que me atreví a sacar con mis 6 más entrañables colegas literarios (El Javo, Mónica Brozon, Ana Romero, Mi tigre Quezadas, Gaby Aguileta y JP H Gázquez). Puras porquerías de alto calibre. No por dármelas de muy puercote pero la peste de mi cuento alcanza varias cuadras a la redonda. Puaj.




Un viejo gato gris mirando por la ventana


Mi segunda novelita para niños en "A la orilla del viento", del Fondo de Cultura Económica. Honestamente este trabajo tiene más que ver con inquietudes personales de esas que sientes que tienes que decir o van a terminar enquistándosete (vaya sobreesdrújula) adentro. Pero es cierto. Siempre quise escribir un libro en donde cuestionara los criterios que utiliza el ser humano moderno para medir el éxito en la vida: el dinero, la posición social, los logros. ¿Por qué parece ser más importante en qué empresa trabajas que si eres feliz en la vida? Pues eso. Eso justamente.


Una canción por Temo


Pues nada, que tembló muy feo en Haití y en Chile. Y yo sentí de pronto la necesidad de hablar del único temblor real que me ha tocado vivir, el de 1985, sólo que desde el punto de vista de un niño pequeño, tal vez porque me preocupó el sentir de los chicos frente a tragedias de esa magnitud. Emplazada en México D.F. en aquellos lejanos días, la novelita cuenta, a manera de diario, lo que vivió Archi, el niño más malo de la colonia Roma. Cierto que yo, cuando ocurrió la tragedia del 85, tenía 18 años, pero igual me conmocionó lo visto, lo vivido; así que algo hay de mí en Archi. Y este es mi humilde homenaje a todos los niños que se enfrentan a tan espantosos designios de la naturaleza sin otra tabla salvavidas que la del cariño de los amigos, los hermanos, los padres. Y mi forma de abrazar al barrio del Distrito Federal que más quiero (y que tanto sufrió en ese entonces), la colonia Roma.


Una historia (más) de princesas


Quería escribir una historia divertida y de puro choteo. Ni más ni menos. Me acuerdo que me encontraba a la mitad de una novela que me estaba costando mucho trabajo (y que terminó en el bote de la basura, por cierto). Necesitaba despejar la mente. Abrí un nuevo documento en la computadora y tecleé la frase: "Daría lo que fuera por no ser una princesa", pues me había estado haciendo run run la idea de una princesa que estuviera harta de serlo, en contraparte de una niña que (como hay millones) daría lo que fuera por estar en los zapatos (las zapatillas, pues) de la Cenicienta. Eso lo detonó todo (como dice Coqui al inicio del libro). Y me llevó a escribir esa broma de ciento y tantas páginas que, con una ayudita de mi cuate UCH, quedó que ni pintada para el baile. Creo.


Ver pasar los patos


Este libro es el resultado de muchas incidencias: mi amor por la ciudad de México, por la Historia y por la nostalgia de la niñez. Un día llegó a mis manos un libro de Baltasar Dromundo (quien vivió en San Miguel) que me prendió la flama y me puso a escribir combinando sus memorias, las mías, las de mi mamá, las de mis abuelos... ¡uf! La idea era retratar la ciudad de México de hace muchos años (1916) evitando que la foto pareciera sacada de un libro de Historia. Y creo que no quedó tan mal. Traté de ser lo más fiel al momento y al espíritu de inocencia infantil que ha existido en todos los tiempos, pero enclavando la anécdota en un momento y lugar históricos y reales. La banda del automóvil gris, Mike Febles, Carlos Pavón, el Colegio de Infantes y otros encuadres similares, tan existieron como que la fuente del Salto del Agua hasta estación del metro tiene.


...hay que galofrar
Toño Malpica