Y que viva el cine de arte

Se me antojó contarles que el sábado pasado quisimos tener, como familia, la primera salida nocturna de nuestras vidas, lo cual debe parecerles a ustedes tal vez algo ridículo pero consideren que nosotros, los cuatro, a las 10 pm de cualquier día, ya estamos haciendo bizcos, así que elegimos algo leve como ir al cine a las 8 y media, pero para no caer en el cliché decidimos ir a la cineteca, ¿algo para niños, de noche, en la cineteca?, nos dijimos, y nos respondimos: cómo no, cosa de buscarle, y le buscamos y le hallamos, “Juana de Arco”, película francesa que sugirió Laura, y yo onda: Okey, qué bueno que sea para niños pero sí sabes cómo termina la protagonista, ¿no? Y ella: pues no, y yo: pues a las brasas, y ella: pues sí pero igual Bruno ya nos dio vuelta con el juego del Calamar y Marifer siempre se queja en las películas que elegimos que no hay suficientes explosiones, así que yo creo que sí la aguantan, y total que nos fuimos los cuatro muy cucos y hasta nos metimos antes a dizque cenar a un restaurante de la cineteca, y digo dizque porque todos vimos cenar a Bruno porque los demás todavía estábamos medio bajando la pizza de la tarde pero bueno, el caso es que hasta la selfie nos tomamos frente al letrero de “Cineteca Nacional” y cuál, que llegamos tarde a la función porque el papá había dicho ocho y media y nones, resulta que era a las 8 y cuarto y todos sobre el papá, ¡ay papá, ya ni la ch****s, por tu culpa no le vamos a entender!, y yo todo apenado con la familia pero pues ni modo, y ya después de hallar nuestros lugares pisándole los callos a todo mundo, nos sentamos los cuatro muy cucos, pero yo sospeché que algo no marchaba bien desde que la primera escena era en un terregal con cuatro actores diciendo unos diálogos medio forzados como de clase de historia y luego, zas, medio lo confirmé en una escena donde la única acción era la cara de Juanita de Arco en primer plano mientras sonaba una canción que duró como tres horas y media, pero ya terminé de comprobarlo cuando los actores dijeron “Oh, vamos a la guerra” y fueron a la guerra, claro, pero nadie vio nada, aunque sí volvieron al día siguiente (y esto lo supe porque apareció un letrero que decía “al día siguiente”) al mismo terregal y según ellos medio machacados porque habían ido a la guerra (“Oh, sí, pero perdimos”), total que así se fue la película con escenas en donde un señor le decía a Juanita de Arco, no llore señorita Juana y la Juanita onda: “ay, en la madre, sícierto que tenía que llorar” y otras como aquella en la que te pasan un desfile de caballos que también duró entre cuatro y cinco horas, pero el caso es que volteo y el Bruno ya hasta roncaba y Marifer veía la película parada de cabeza en el asiento y yo miré el reloj y apenas había pasado veintinueve minutos pero mecachis, qué hacerle si era la primera salida nocturna en familia de nuestras vidas, pues nada, apechugar amigos, que ya lo había dicho Juanita a medio terregal: mejor que no se salve Francia a que se salve así, pero es cierto que cuando empezó otra escena en donde dos curas se ponen a echar el currículum de los otros cuatrocientos diecisiete curas que iban a procesar a Juanita, volteo a ver a mi izquierda y Laura me hace la seña universal de “vámonos a la fregada” y yo onda, pero es que es la primera salida noctur… y ella “a la fregada, dije” y yo, bueno, nomás déjame ver quién me escribió porque me acaba de llegar un mensaje y qué tal que es importante y sí, era un mensaje importante, de Laura, que decía “con una fregada, a la fregada” y bueno, total que despertamos a Bruno, enderezamos a Marifer, volvimos a la noche que era joven pero nosotros ya no tanto porque habíamos ido a la guerra con Juanita aunque perdimos (“Oh, mérde”) así que mejor nos empiyamamos, los cuatro muy cucos, como siempre antes de las diez, pero eso sí, con final feliz porque Juanita nunca llegó a la parte en la que conoce el fuego de cerca y a mí los niños hasta me agradecieron con un beso que les hubiera ahorrado los quince minutos que nos perdimos del principio y la pizza bajó hasta donde tenía que bajar. Fin.

Tweet about this on TwitterShare on Google+Share on Facebook