Buen clima, provisiones y un mapa

 
20 Años en la LIJ – 9

 
Y bueno… si algo más o menos aprendí a lo largo de todo este tiempo es que, si de veras quieres dedicarte a la escritura, tienes que darle su importancia.
Es decir, verdadera importancia.
A lo largo de estos veinte años la literatura se volvió mi chamba y por eso en cierto momento tuve que empezar a verla como tal para poder ser lo más eficiente en ella.
Aquí podrían varios puristas del arte echar los ojos al cielo sin ningún problema. “¡Eficiencia! ¡Horror de palabrita!¡Si yo me debo al arco y la lira, no al ISO9000!”
Okey sí, pero una cosa no está peleada con la otra, según he descubierto.
Puedes disfrutar la escritura y, a la vez, ser lo suficientemente programático para no perderte en el proceso.
“¡Programático! ¡Virgen santa! ¡Que me da! ¡Mis sales!”
Calma.
Quizás sea culpa de mi (de)formación ingenieril pero descubrí que la mejor manera de llevar a buen puerto el barco es dándole importancia al itinerario. Es decir… Que la mejor manera de que una idea termine verdaderamente convertida en libro es… según yo… ajustándote lo mejor que puedas a un procedimiento ya estudiado.
Lo cual no significa que no puedas ponerte todo lo artistico y romántico y trovador y pastoril que quieras. Esto, para fines prácticos, no es otra cosa que un mapa.
Y quise tomar como ejemplo mi último libro publicado para mostrarles más o menos lo que hago hoy en día con el fin de que todo culmine en la feliz llegada a mi casa de una caja con sus buenos 15 ejemplares de autor.
 
El libro se llama “Hoy”, editado por Vicens Vives y ya está en papel. (Para muestra, fue sorteado en FB hace un par de semanas). Pero bueno… ¿cómo fue que “Hoy” llegó a convertirse en libro?
Más o menos de la siguiente manera, estación por estación:
 
1. Me busca Mara Benavides, a quien ya conocía de Editorial Norma pero que ahora estaba en Vicens Vives para proponerme la contratación de un libro. (Junio de 2019)
 
2. Acepto de palabra el encargo porque me da toda la libertad del mundo. (Danza de la felicidad).
 
3. Gesto una idea que me guste y que me importe lo suficiente como para pensar que se pueda convertir en libro. (¿Qué tal que un ejecutivo de altos vuelos es sorprendido un día por su septuagenario padre para que se vaya de pinta con él? ¿Qué tal que la historia la cuentan los hijos del ejecutivo y le dan el carácter infantil que necesita la obra?)
 
4. Desde el momento en el que tengo la idea, abro una tarjeta en un manejador de proyectos que uso. Con esto, le doy la suficiente importancia como para trabajarla hasta las últimas consecuencias. Le añado varios checkilists predeterminados: Preparación, Planeacion, Escritura y Proceso Editorial. (El último cuadrito del último checklist siempre es “Publicación”, que es como plantar la banderita en la cima de la cumbre, por así decirlo.)
 
5. Firmo contrato. (Ejem).
 
6. Hago la planeación correspondiente, sinopsis, escaleta, etcétera, siempre palomeando conforme voy avanzando. Puesto que Mara me pidió que le entregara para cierta fecha, me programo para ésta. Con la planeación puedo saber si es posible llegar de pie o no a la cita. (En este caso, según yo, sí podía).
 
7. Hecha la planeación, me pongo a escribir. Voy marcando los capítulos del libro, uno por uno, hasta terminar. (Me falló por poquito, gulp. Tuve que pedir una pequeña prórroga porque me agarró a media FIL del 19 la tecleada, pero hasta eso que si hay buena relación y diálogo, funcionan las cosas).
 
8. Reviso, por supuesto. Mucho. Mucho. (En verdad, mucho).
 
9. Mando a la editorial y comienzo el proceso editorial. (Maravillosamente me tocó trabajar con Grace Silva, gran editora y mejor amiga, con quien ya había colaborado, así que Danza de la felicidad parte 2).
 
10. El editor (editora, en este caso) toma el libro en sus manos. Sugiere cambios, ilustrador(a), etcétera. (Grace y yo trabajamos juntos el texto y la conformación del libro, me mandó avances de Mariana Villanueva que comentábamos… asi hasta que… quedamos contentos todos.
 
11. Espero mi caja con ejemplares. (Banderita en la cima. Café de termo con música de cuerdas. 21 de octubre de 2020).
 
Vualá.
 

Ejemplifiqué un solo libro, pero todos mis libros se apegan a este proceso. Con sus asegunes, claro. La mayoría no inician con editorial apalabrada. La mayoría empiezan en el paso 3, con lo que habría que añadir que, al mandar a la editorial elegida, espero dictamen y, de ser favorable, comienzo el proceso editorial y etcétera, etcétera.
Es importante resaltar esto:
A todas aquellas ideas que me gustan y me importan les doy el mismo tratamiento. A todas. TODAS.
Dije TODAS.
TODAS siguen el mismo procedimiento. Y TODAS las tarjetas se quedan abiertas hasta que no son publicadas. Es raro que archive alguna sin haber terminado en papel… pero también ha ocurrido (no soy tan infalible).
Y también quiero resaltar lo siguiente: Una tarjeta no se estorba con la otra. En el momento en que mando a editorial puedo, sin ningún problema, comenzar otro proyecto. Y así sucesivamente hasta el fin de los tiempos. (O hasta que el cuerpo aguante).
Así que bueno… si algo más o menos aprendí a lo largo de todo este tiempo y a caso pueda transmitirte, si es que quieres ver tus ideas convertidas en libro es esto:
 
Tienes que creértela de principio a fin.
Y tienes que darle su importancia.
 
El resto es tesón, cariño y paciencia. Buen clima, provisiones y un mapa. O tiempo, salud y pila en la laptop, si prefieres. El chiste es entender, de una vez por todas, que lo poeta no quita lo eficiente.
¿Estamos?

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