30 mil pelucones

 
20 Años en la LIJ – 3
 

 
Bueno… y si ya me había ido bien en un par de concursos de LIJ y varios de NOLIJ… ¿por qué no seguirlo intentando?
Así que me fui de frente.
De mi antiguo despacho de sistemas conservé un solo cliente para sufragar los fijos y me metí a cuanto premio se me pusiera por delante para… pues sí, para salir adelante.
No es broma.
Mis búsquedas en internet estaban comandadas por las palabras premio, certamen, concurso, literatura, novela, cuento, infantil, juvenil. (Excepto poesía, en la que soy más malo que Voldemort cuando se agarra los dedos con la puerta del coche, pero esa es otra historia).
Bien. Hay algo que deben saber respecto a las bondades de participar en premios literarios.
 
1 – Te obliga a escribir con una fecha límite. Eso no es bueno sino buenísimo. Es la mejor receta para terminar lo que estás escribiendo en algún futuro realmente cercano.
2 – Te obliga a escribir pensando en que tienes que conseguir algo con la suficiente calidad como para ganar un premio. Más carbón a las calderas, pero vale la pena.
3 – Te obliga a escribir. Punto.
 
Quedémonos con la número tres.
En ese entonces adquirí la manía/costumbre/chifladura de participar en concursos.
En el 2004 gané el concurso aquel al que entré con “Las mejores alas”, pero esta vez el primer lugar con “Querido tigre Quezada”.
Ese año también gané el concurso MECYF de Ciencia Ficción con la novela “El cura de piedra”
En el 2005 gané el Gran Angular otra vez con “El nombre de Cuautla”.
En el 2006 una mención en el premio “Una vuelta de tuerca” de Novela Negra con “Apostar el resto”.
En el 2007 ahora sí el “Vuelta de tuerca” con “La lágrima del Buda” y el Barco de Vapor con “Diario de guerra del Coronel Mejía”
Y no sigo para no empezar a caer gordo. Pero recuerdo que una vez el hijo de un amigo mío le preguntó a éste, frente a mí, que a qué me dedicaba y mi amigo le respondió, sin perder el peinado y sin soltar el refresco: “¿Toño? Creo que gana premios”.

Pero volvamos al punto 3.
Todo el mundo habla de los concursos que gana porque son los que salen en el currículum. Pero… ¿qué hay de los que no gana?
“Había una vez un niño llamado Perico” participó en un concurso y no ganó. Pero igual fue publicado y gusta. Creo.
“La máquina” ídem.
Y así otros libros que no por no ganar se quedaron sin posibilidades.
“El cura de piedra”, aunque ganó (sus buenos 30 mil pelucones), no se publicó hasta 10 años después. Bajo el nombre de “No nos extrañará el sistema” en Ediciones SM, que al fin quiso cobijarla. Y gusta. Creo.
Y así.
He aquí el punto:
(Que es el tres, ¿recuerdan?).
Lo importante es escribir. Y no detenerte.
La verdadera bondad de los premios en mi carrera fue que me acostumbraron a no dejar de escribir. Cosa que hago hasta ahora. Escribir, terminar el libro, mandarlo a editorial (últimamente ya no a premio), y mientras espero respuesta, escribir, terminar el libro, mandarlo a editorial (últimamente ya no a premio), y mientras espero respuesta, escribir…
¿Captas?
He aquí un consejo para participar en premios y sentir que puedes ganar:
(Para que no vayas por ahí creyendo que soy un súper dotado)
(De hecho, cuando soy jurado, es el único criterio que sigo para elegir un texto).
(De hecho es el único consejo posible que te puedo dar para poner algo en el mundo que estás obligado a firmar con tu nombre).
¿Listo?
Chan, cha cha chaaaan….
Redoble…
Okey. El consejo es éste:
 
* Lo que te estás llevando a los ojos te tiene que encantar *
 
No, no “gustar” a secas, sino “encantar”.
Puede parecer arrogante pero no hay otra forma de poder pasearte por los pasillos de una librería (o el mundo) y que cuando veas un ejemplar (o una obra) tuyo(a), en vez de salir corriendo apenado, sientas un poquito de orgullo.
Es una cuestión de simple honestidad. Si lo leíste y no te encanta, entonces no has terminado.
Piensa en ello como en un banquete que vas a servir a gente que quieres mucho. ¿Lo probaste? Mínimo. ¿Te gustó? Bien. ¿Te encantó? ¡Excelente! Tal vez hasta ganes un premio.
Y ya me voy antes de caerles, ahora sí, gordo para siempre.
La próxima semana hablamos del galofreo, que es importante. Mucho Muy Importante, de hecho.

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