Cosas que hace Charlie que me levantan la autoestima

 
Siempre que llaman a la puerta, ladra como si hubiera siete ninjas detrás, listos a saltar sobre mí porque, según él, soy un espía internacional encubierto.

 
Le ofrezco una galleta, me mueve la cola, no se la doy; le ofrezco una galleta, me mueve la cola, no se la doy; le ofrezco una galleta, me mueve la cola, no se la doy; así mil veces y así mil veces me mueve la cola porque según él, soy San Francisco de Asís encubierto.

 
Cuando vamos por la calle le ladra sólo a los perros grandes con amos grandes, convencido de que con nosotros nadie se mete porque, según él, soy el terror del barrio (encubierto) con su sanguinario lobo (encubierto).

 
Cuando juego futbol con los niños, nunca defiende mi portería, sino la de ellos y, cuando les quito el balón me ladra enfurecido porque, según él, soy Cristiano Ronaldo de incógnito.

 
Vuelvo de la calle, cansado y sin ganas de nada y él brinca, da vueltas de rehilete, ladra, me lame la mano, se echa, se para, mueve la cola, en fin, todo el show porque, según él, yo venía corriendo por las calles, desesperado para estar con él, pero soy incapaz de aceptarlo.

 
Le doy una orden y no obedece; le doy una orden y no obedece; le doy una orden y no obedece; le doy una orden y no obedece; y así mil veces porque, según él, no soy su amo sino su amigo, su igual, sólo que oculto tras un aburrido disfraz de humano.

 
Y en fin…
Porque me me mira siempre como miran los perros. Como decidiendo que sí vale la pena darme una oportunidad más todos los días.

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