Y al tercer día…

 
En aquel tiempo, Jesús se sentó en la oscuridad, vio su reloj con lucecitas y se dijo que eso de resucitar en domingo estaba muy bien pero estaría mejor si por lo menos aguardaba una semanita, que estaría padre romper el récord de Lázaro y hacer una entrada (en este caso salida) triunfal cuando ya todo el mundo creyera que eso del cristianismo había quedado sólo en debut y despedida, aquí se está tan bien, dijo mirando de su reloj con musiquita y lucecitas (privilegios del conocimiento y potestad sobre el principio y el fin de los tiempos (y los productos en rebaja)) y balanceando los pies en la oscuridad agregó, me merezco por lo menos unos días de descanso, considerando por todo lo que tuve que pasar, que fue un verdadero calvario (y aquí se permitió una beatífica sonrisa porque estaba institucionalizando el término) cuando una voz apareció en algún lado, tal vez su cabeza, diciéndole: no puedes, porque está escrito que al tercer día… y Jesús interrumpió a la voz (que muy posiblemente era la de cierto pariente suyo de línea directa que contaba con amplios poderes para modificar la consitución política del universo) y le dijo, sí, ya sé, las profecías y todo eso, pero ya puestos, qué más da una semanita, en dos mil años ni quién se acuerde, y por otro lado, puedo hablar con Lucas, con Mateo y los otros para que… y la voz resonó en el sepulcro e hizo acordarse a Jesús de aquella vez, cuando aún usaba pañales, que se le fue un asteroide de las manos y adiós dinosaurios for good cuando el plan era que sirvieran de transporte público a partir de los años setenta, y dijo la voz, a ver, muchacho, aún considerando que no fueran a llegar al rato un par de mujeres a preparar tu cuerpo con aceites… y Jesús interrumpió, oh, eso no es problema, podemos hacer que nadie pueda mover la piedra de la entrada, lo que me lleva a preguntar, ¿Dios puede crear una piedra tan pesada que ni él pueda levantar?, puedo pensar en ello por siete días y tenerte una respuesta… y la voz, de nuevo, esta vez llevándose la palma de la mano al rostro (hay voces que pueden), dijo de manera definitiva, en realidad no lo hago por ti, ni por mí, sino por el mundo, lo hago porque no habrá playa que lo aguante, un error de diseño, tengo que admitirlo, y Jesús: ¿qué tienen que ver las playas en esto?, no es que te contradiga, pero soy yo quien tuvo un viernes horrendo y de película (y pensó “de Mel Gibson” pero creyó que era demasiado alarde y se calló), y la voz, rotunda, te digo que fue un error de diseño, cuando pensé en las playas no pensé en las vacaciones y hay playas que no aguantan más de dos semanas de oficinistas cantando ebrios en torno a una fogata, a lo que siguió una proyección en la pared (repentinamente marca Samsung) de una playa deshecha y el titular, “Breaking news: chilangos acaban por fin con Acapulco en quincena santa, dejaron sólo el cascarón”, a lo que Jesús se sintió con ganas de replicar “para qué no piensas bien las cosas cuando piensas las cosas” pero recordó el sonido que hacen miles de tiranosaurios al morir de una gran pedrada y se calló, aunque no dejó de balancear los pies y mirar la fecha en su reloj con musiquita y aromatizante y lucecitas, ya era domingo, la piedra se movió como si fuera de utilería y él sólo dijo, qué caray, de todos modos ya estoy acostumbrado, se puso de pie y la voz declaró (como si le atuzara el cabello (hay voces que pueden)), ánimo, tú y yo sabemos que habrías podido romper el récord de Lázaro con una mano atada a la espalda, Jesús se encogió de hombros y salió a dar una vuelta, los oficinistas volvieron al trabajo al lunes siguiente y aunque hubo modo de enfocarse en otros problemas de diseño (como el hecho de que un hombre adulto sea incapaz de preguntar por una calle o que nadie pueda definir la palabra deshebrar sin usar las manos), en realidad hubo otros imposibles de resolver, como el hecho de que el primer lunes, después de vacaciones, nadie en realidad se ponga a trabajar sino a platicar en los pasillos, jugar solitario o escribir posts absurdos para el blog o para el Face.

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