And the oscar goes to…

 
Y a propósito de las esperadas listas de lo mejor del 2013, sean libros o películas o misses en traje de baño, se me antoja decir que nunca estuve de acuerdo con que le dieran el óscar a mejor película a Annie Hall y no a Star Wars. Claro, yo tenía 11 años y qué fregados iba a saber de buen cine, además ni siquiera había visto Annie Hall (vaya, ni tenía la edad reglamentaria para que me dejaran ir con mis cuates a hacerme una opinión propia, pero yo creo que ni viéndola diez veces hubiéramos cambiado a Luke Skywalker por Alvy Singer, eso seguro).

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 Y el recordar cómo nos poncharon el globo a todos los fans reaviva esa sensación de que siempre va a haber alguien que sepa más de cine que tú porque ha visto más cine que tú (y hasta puede presumir que ya le salió el bigote y ha besado a una niña en la boca y no como tú que todavía usas tenis y shorts y colecciona estampitas) y por eso puede decir que una película de dos monos que no acaban nunca de enamorarse o desenamorarse es mejor que otra donde estallan planetas enteros (¡Wow! ¿Cómo le habrán hecho?) y espadas láser (¿te fijaste, qué efectazo?) y flotillas inmensas de naves espaciales (¡Órale, miles!) y Han Solo y Chewbacca y Darth Vader y… y…

Y claro. Luego crecí y vi Annie Hall. Y es un peliculón, que ni qué.

Pero… a propósito de las esperadas listas de los mejores del 2013, vale la pena no olvidar que, según “los que saben”, te conviene más leer a Halldór Laxness (¿Quién?, con todo respeto) que a Stepehen King (¡Yeah!, con todo cariño). Y que siempre tendrás tu peli, tu libro, tu miss (okey, no llena tan bien el traje pero… ¿te fijaste qué sonrisota?) favoritos. Y eso no te lo quita nadie. Mucho menos esos, “los que saben”. Por mucha barba y bigote que puedan presumir entre sus cuates.

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