Lo mejor de un premio

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Fue una noche estupenda. Mucha gente querida. Mi familia casi toda, un montón de amigos y colegas y lectores. Habló Marisol Schulz; habló Luis Fernando Crespo (y dijo algo muy bonito respecto a que los libros salvan al mundo); habló Patricia Van Rhijn respecto a las razones del jurado; también Claudia Nájera nos regaló una hermosa concatenación de frases de libros míos… en fin, todo genial. Lo mejor del premio fue, sí, tanta gente apapachando al premiado, que estaba hinchado de felicidad como pez globo.
 
Pero entre tantas cosas bonitas estuvo un texto que leyó Ana Romero, que (por supuesto) le pedí y que aquí reproduzco.

 
 


 
Toño Malpica. El héroe escritor
 
Por Ana Romero

 
 

 
Suena I’m in the mood for love y Oscar Peterson nos sonríe desde el piano aunque no lo vemos, porque igual que en la película Sunset Boulevard, nuestros ojos miran un letrero con el nombre de la calle donde comenzó todo: Camino del Jardín. Por sobre la música resuenan pasos en el asfalto y ahora estamos frente al número 59. Ahí adentro, flotando en la alberca, Toño Malpica también sonríe a pesar de que acaba de ser lanzado a las peligrosas aguas de la literatura.

Corre el año 1987. Toño y Javier lavan trastes mientras hacen sesudas reflexiones.

–Ya apliqué las técnicas del coqueteo directo, la gélida indiferencia, la del mejor amigo y hasta la del truhán redimible pero nada, la morenaza ni me mira. Ya no sé qué hacer –se quejó Javier, cómplice, mejor amigo y hermano.

Toño lo meditó al tiempo que restregaba frijoles refritos del fondo de una cacerola.

–En las películas los escritores siempre se ligan a la muchacha. Vamos a tener que convertinos en escritores.

De ahí nació una obra de teatro que se montó en Ciudad Satélite y no le pedía nada a las tragedias griegas. Si no en temática, sí en duración. Duró 4 horas, tuvo 7 cambios de escenografía, 30 de vestuario y nunca más se volvió a representar. De hecho, tampoco se encontraron pruebas de que los noveles dramaturgos pudieran ligarse a nadie, pero ahí comenzó esta historia. Toño Malpica fue empujado a la alberca de la literatura y para nuestra buena fortuna, ya jamás quiso salir.

Parte de la culpa de esa feliz inmersión la tiene Oscar Peterson, quien con esas manotas y ese virtuosísimo exento de soberbia, tocó un jazz que desencadenó las erinias de nuestro héroe.

Como en cualquier película, una vez que sabemos el final nos reprochamos por no haberlo visto llegar, pero nosotros sí podemos volver en busca de señales y nos iremos a 1967, año en el que Toño nació con un gen musical incluido, como era de esperarse al descender de una pareja que se enamoró al ritmo de las grandes bandas. Como todo buen hijo, Toño cumplió con el deber de llevarle la contraria a sus padres, así que mientras Margarita y Javier corrían a la pista en cuanto sonaba aquel trombón que parecía tararear que lo besaran mucho, Toño determinó que Ray Conniff sería su archienemigo, así que tuvo que atenerse a la otra música que tenía en casa: la clásica.

Las sinfonías de Beethoven lo chiflan y la Tierra se le salió de eje cuando oyó Los Planetas de Holst. Hasta ahí la sensatez iba viento en popa, pero Toño creció y no pudo sustraerse a ese terrible negocio que es ser un joven atrabancado y acabó encandilándose con Supertramp.

Terminó así el “Periodo satelital” del héroe. Vio su fin la ilimitada infancia donde tres piedras eran montañas y la vista no alcanzaba para abarcar todos los territorios que aún quedaban por conquistar. Llegaban las decisiones, la universidad; quedaban atrás los ejercicios de piano, las exploraciones y la risa loca. A Toño se le venía encima la vida.

¡Momento! ¿Y el galofreo? ¿Y el juego? ¿Y las miles de aventuras que le quemaban por dentro? ¿Los enterraría debajo de alguna actualización de Linux hecha por el ingeniero en sistemas?

Toño intentó contener al insensato escritor. “Gobiérnate”, se decía a sí mismo cada mañana antes de vestirse con la compostura que la universidad requiere.

Pero no.

Pero el piano y los sueños.

Pero Javier empeñado en escribir y seguir jugando.

Pero Toño que dejó que las teclas del piano bailaran a su ritmo… Y entonces Oscar Peterson con sus manotas, con su alegría de vivir, con sus fotos llenas de dientes, con su predisposición para el amor.

Llegó el jazz y esta biógrafa sostiene que en mitad de una improvisación al piano, a Toño se le perdió la compostura.

Los sueños se despojaron de sus ataduras.

Vino la debacle de la sensatez y él mismo narró aquella batalla perdida en su libro Por el color del trigo, donde explica: “los sueños hacen que los muchachos deseen, súbitamente, dedicarse a algo tan mal visto como volar aviones. O escribir historias, en vez de preferir alguna otra actividad en donde se guarde mejor la compostura y se use una corbata todos los días”.

Aunque conservó la identidad de ingeniero en sistemas; por las noches se disfrazaba de héroe y se sumergía en las profundidades de las letras. De la impostergable necesidad de cumplir su destino y surcar para siempre esas aguas que lo recibieron como se recibe al héroe cuando regresa del viaje iniciático. Volando con las mismas alas que Gus, un ángel disfrazado de niño de la calle, Toño Malpica hizo su entrada triunfal a ese mundo de ficción que para nosotros, sus lectores, es más real que la mismísima realidad.

Pero Gus no es el único ser alado que acompañaría a Toño, el otro se apellida Dietrich como el ángel azul de la Marlene. Se llama Laura y desde una tarde de 1995, vuela a su lado.

“La invité a un lugar donde pudiera reencontrarse con otros seres como ella, al Café del ángel que estaba en La Condesa, sin pensar que yo no era el hombre de mundo que fingía ser, así que me perdí. La traje caminando por horas y como de todos modos ya me esperaba lo peor, la besé”. Para fortuna de las letras, Laura, el ángel Dietrich, en vez de abofetearlo, optó por la incerteza y se quedó al lado del escritor para ayudarlo a ser lo que es. Las películas tenían razón. El chico listo se quedó con la muchacha más guapa y se alejaron con unos pasos saltarines que parecían tener música de fondo. A ese primer baile callejero le siguieron varios más. Uno en el metro Insurgentes, otro en la estación Kléber de París, en cuyo homenaje nombraron al café que más tarde regentearían por dos años, los decisivos para que el ingeniero Malpica perdiera terreno frente al héroe escritor.

Entre teclazos a deshoras y agobios existenciales, en 2007 nació el primogénito.

Caballero protector de todos los reinos, ser humano generoso donde los haya y poseedor de los ojos más dulces de la comarca. Bruno Malpica Dietrich. Toño lo describe en una sola frase: “eres un buen chico, Charlie Brown”.

Pero en las gestas heroicas no hay blanco sin negro, ángel sin adversario, Bruno sin Marifer. A la familia le faltaba el diablillo con vestido azul y en 2011 apareció María Fernanda. Nadie imaginaría que detrás de su luminosa sonrisa se esconde la más fiera de las guerreras, la más audaz de las amazonas, la más traviesa y mejor peinada de todas las niñas.

Las señales ahora sí están completas. Con más de 40 libros publicados, 12 obras de teatro montadas, 19 premios nacionales e internacionales y siendo miembro del Sistema Nacional de Creadores, podríamos sacar trompetas para proclamar el triunfo del héroe escritor… Pero no. Toño sigue esperando el momento en que pueda gritar que ya la hizo.

Que es el mero mero y háganse a un lado porque lleva bala.

Aquí la película da un giro y nos muestra a un hombre que ya cae gordo en las fotos, siempre con su misma chamarra negra; detesta el hígado encebollado pero adora los tacos al pastor y el whisky de una sola malta; se siente el más buscado delincuente cada vez que cruza una frontera; el tipo que va por la vida confiando, pero sin llegar a creer que es un héroe.

Aunque sus fans le digan que su literatura los salvó de la muerte; o que una lectora argentina haya venido a México sólo por conocerlo, no se la cree. Pese a sus premios y su desmesurado currículum, Toño sigue pensando que es un simple hombre de familia, amigo de sus amigos y puntual trabajador que entrega su columna antes del cierre, que se truena los dedos pensando si el libro está bueno o algo falló. Porque ante todo, nuestro héroe es un espléndido ser humano.

Por eso su obra está plagada de niños de la calle y desamparados: para darles el final feliz que la vida no siempre les da. Por eso mismo sus personajes caminan en el peligroso filo del miedo paralizante y el mayor acto de valentía: porque son él mismo. Él es Margot y Sergio y Ulises y Tonio y Perico y Pepe y Gus. Toño es el escritor que esta noche celebramos. Es el héroe que sonríe y tiene un abrazo para cada uno de los suyos y eso que ya somos legión. Porque para Toño sus lectores son “uno de los nuestros” y sus libros un escudo contra la maldita realidad.

Sus historias son un remedio contra los males del mundo. Son la sonrisa de Oscar Peterson. Son una predisposición al amor.

Pero para hacer la gran literatura que hace y por la que esta noche lo celebramos, hay que tener un tornillo medio zafado y el de Toño es su arma y su kriptonita al mismo tiempo: la literatura.

Es un adicto a escribir. Escribe de día, de noche, por las tardes y cuando duerme también. No es de extrañar que una madrugada cualquiera se olvide de calzarse las pantuflas para correr a su estudio y continuar la historia que no lo deja vivir. Un teclado, una computadora del año de la canica, un escritorio y una silla. Nada más y con eso es suficiente para que el mundo entero le salga por los dedos.

Demonios, ángeles, niños, gamers, hadas… Todo cabe en esa habitación que está en el lugar más alto que pudo encontrar. Desde sus alturas, el héroe escritor que jamás ha creído serlo, vigila el mundo dispuesto a sacar su teclado a la menor provocación y a golpe de literatura, defendernos del mal. Y va ganando. Sus historias nos han protegido a muchos, pero falta lo mejor, porque el destino de los héroes es continuar con su misión hasta el fin de los tiempos y él lo sabe. El décimo primer Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil, don Toño Malpica, confiesa que lo único que no ha podido dejar de hacer desde que comenzó a escribir, es escribir. Cantemos pues a la musa que nos da el privilegio de habitar esos mundos que él crea para nosotros y donde podemos sentirnos a salvo, bajo el resguardo de nuestro héroe escritor.

 
 
 
A esto, siguió un video muy emotivo y, finalmente, la entrega del premio y las palabras del premiado, que pongo también acá:

 
 

 
Imaginen,‭ ‬por favor,‭ ‬a Toño Malpica niño.‭
Un chico de cabello castaño ensortijado y las rodillas huesudas que gusta de jugar futbol‭ (‬aunque sea bastante maleta‭)‬,‭ ‬que gusta de ver la tele‭ (‬demasiado,‭ ‬según su mamá‭)‬,‭ ‬que gusta del pan dulce‭ (‬puede ponerse violento si le ganan la única dona de chocolate de la bolsa‭) ‬y que gusta de jugar hasta cansarse,‭ ‬sobre todo con su hermano Javier.‭
Imaginen a Toño Malpica niño un día en el parque,‭ ‬tal vez‭ ‬de‭ ‬ocho o nueve años,‭ ‬de tenis decatlón,‭ ‬shorts y una playera de‭ ‬Bugs Bunny.‭ ‬Supongamos que se ha quedado solo unos instantes.‭ ‬Su hermano y sus amigos,‭ ‬después del último partido de fut,‭ ‬han ido a tomar agua a una de las tomas de riego que están en el otro extremo del jardín.‭ (¿‬Y qué mejor prueba de que estamos en el pasado que ésta‭? ‬Unos niños tomando agua de una toma callejera y ninguno de ellos muere‭ ‬al instante,‭ ‬víctima de horribles convulsiones‭)‬.
‭ ‬Imaginen a Toño Malpica niño tirado en el pasto,‭ ‬con la cabeza sobre‭ ‬el balón a modo de almohada.‭ ‬Mira las nubes,‭ ‬mastica una varita de pasto y canturrea alguna cancioncilla de algún comercial de la tele,‭ ‬esperando que vuelvan sus amigos para seguir jugando.‭ ‬Entonces,‭ ‬alguien le tapa la línea de visión.‭ ‬Un señor de cuarenta y tantos años,‭ ‬con el pelo gris,‭ anteojos, suéter gris y camisa gris a rayas‬.
‭ ‬—Hola‭ ‬—dice éste.
‭ ‬—Hola‭ ‬—responde Toño Malpica niño,‭ ‬más‭ ‬por cortesía que por ganas.
‭ ‬—¿Tú eres Toño Malpica‭? ‬—pregunta el señor.
‭ ‬—Sí.
‭ ‬—Ah,‭ ‬qué bueno porque yo también.
‭ ‬—¿Qué‭?
—Que yo también soy Toño Malpica.
‭ ‬—Qué mensada.‭ ‬Claro que no.
‭ ‬—Claro que sí.‭ ‬Soy Toño Malpica pero del futuro.‭
—Ja.
‭ ‬—En serio.
‭ ‬—Sí,‭ ‬cómo no.
‭ ‬Aquí Toño Malpica niño trata de decidir qué será mejor:‭ ‬si echarse a correr o gritarle a sus amigos para que vengan a ayudarlo y entre todos‭ ‬agarrar a zapes a ese señor que de seguro es un delincuente porque tiene cara de delincuente.
‭ ‬—Soy tú —dice el señor.‭
—Ajá.
‭ ‬—De veras.
‭ ‬—Sí,‭ ‬chucha.
‭ ‬—¿Te acuerdas aquella vez que te pusiste a darle de besos a una foto de Marie Osmond que salió en un Selecciones de‭ ‬1974‭?
—¡!
—No.‭ ‬No te preocupes.‭ ‬Nadie te vio.‭ ‬Nadie NOS vio.
‭ ‬Toño Malpica adulto entonces se sienta frente a él,‭ ‬ya más confiado.‭
—Que eso de la foto nunca salga de entre nosotros‭ ‬—dice uno.
‭ ‬—Totalmente de acuerdo‭ ‬—consiente el otro.
‭ ‬—La razón por la que estoy aquí es para decirte una cosa.‭ ‬Y luego me iré.
‭ ‬—Sí,‭ ‬pero…‭ ‬¿cómo es esto posible‭? ¿‬Que estemos hablando y todo eso‭?
—Tampoco es una idea tan original,‭ ‬no creas.‭ ‬Jorge Luis Borges la usó antes que yo.
‭ ‬—¿Quién‭?
—Borges.‭ ‬Tu escritor favorito,‭ ‬niño.
‭ ‬—¿De qué‭ ‬estás hablando‭? ¡‬Si a mí ni me gusta leer‭!
—Como sea.‭ ‬Quiero decirte algo importante y luego me voy.
‭ ‬Toño Malpica niño,‭ ‬entonces,‭ ‬se sienta frente a él,‭ ‬ya más confiado. Y dice:
‭ ‬—Qué bueno porque esto está como de la dimensión desconocida.
‭ ‬—Qué buen programa,‭ ‬ahora que lo mencionas.‭ ‬De esos que ya no se hacen.‭ ‬Ojalá lo pasaran en Netflix algún día.
‭ ‬—¿En dónde‭?
—No importa.‭ ‬Lo que quiero decirte es esto,‭ ‬y grábatelo porque en verdad es muy importante:‭ ‬Prende el radar porque eres un tipo afortunado,‭ ‬Toño Malpica.‭ ‬Nunca lo olvides.
‭ ‬—Que yo…
‭ ‬—Sí.‭ ‬Prende el radar.‭
—Ni que fuera submarino.‭
—Eres un tipo afortunado.
‭ ‬—¿De verdad‭? ¿‬Significa que voy a ser millonario de grande‭? ¡‬Wow‭!
—No.‭ ‬No ese tipo de suerte,‭ ‬sino de la otra,‭ ‬de‭ ‬la que vale la pena.
‭ ‬—No entiendo.
‭ ‬—¿Qué me dirías si te contara que algún día vas a recibir un premio gordo gordo‭?
—¡Wow‭! ‬O sea…‭ ¿‬Como la lotería‭?
—No.‭ ‬Mejor que la lotería.‭ ‬Un reconocimiento.
‭ ‬—Wow.‭ ‬¿Como al mejor futbolista del año‭?
—Mejor.‭ ‬El Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil.
‭ ‬—O sea…‭ ¿‬cómo‭?
—Sí.‭ ‬Un premio por tu obra literaria.‭ ‬Por los libros que‭ ‬vas a escribir para niños y jóvenes.
‭ ‬—¿De qué‭ ‬estás hablando‭? ¡‬Si a mí ni me gusta leer‭!
—Por‭ ‬ahora.‭ ‬Por eso prende el radar.‭ ‬Para la‭ ‬oreja.‭ ‬Escucha el murmullo.
‭ ‬—¿Qué murmullo‭?
—Llegado el momento lo entenderás,‭ ‬y serás un hombre feliz.
‭ ‬—Mmh…‭ ‬si tú lo dices.‭ ‬Pero estaría más padre ser el mejor futbolista del año.
‭ ‬Aquí Toño Malpica‭ (‬es decir,‭ ‬ambos‭; ‬o tal vez el único‭)‬…‭ ‬mira hacia sus propias manos como si ahí pudiera,‭ ‬repentinamente,‭ ‬dar forma a un sueño.
‭ ‬Luego Toño Malpica niño levanta la vista y,‭ ‬de pronto,‭ ‬está solo.‭ ‬Pero no por mucho tiempo.‭ ‬En breve llegan Javier y sus demás amigos.
‭ ‬—¿Quién era ese señor‭?‬ —pregunta Juan.
‭ ‬—Un loco‭ ‬—responde Toño Malpica niño.
‭ ‬—¿Ah sí‭? ‬—dice Quique.
‭ ‬—Sí.‭ ‬Se inventó que era yo pero del futuro.‭ ‬Y eso no puede ser.‭
—¡Claro que no puede ser‭!‬ —advierte Roger.
‭ ‬—Además,‭ ‬de grande‭ ‬–añade Toño Malpica‭—‬,‭ ‬yo‭ ‬voy a ser más guapo.
‭ A lo que‬ sigue una patada a la pelota,‭ ‬un correr sin motivo,‭ ‬una semilla de esperanza,‭ ‬una risa involuntaria,‭ ‬un júbilo inagotable.
‭ ‬Luego Toño Malpica adulto levanta la vista y,‭ ‬de pronto,‭ ‬está frente a un auditorio lleno en una feria internacional de libro.
‭ ‬Y sabe que todo es verdad.
‭ ‬Y que es cierto.‭ ‬Que es un tipo afortunado.
‭ ‬Creo que existe un murmullo al interior de cada ser humano que le indica el camino a ese punto de su vida en el que se siente profundamente agradecido y enormemente afortunado.
‭ Pero hay que‬ prender el radar.‭ P‬arar la oreja.‭ G‬alofrar todo lo posible y no temer a los sitios a donde esta música te lleve.
‭ ‬Yo no fui niño lector.‭ ‬Pero en algún momento de mi vida,‭ ‬aproximadamente a los doce años,‭ ‬descubrí que la lectura‭ ‬podía ser placentera.‭ ‬Y me quedé con ella.
‭ ‬Yo nunca tuve intenciones de escribir‭; ‬me gustaba leer,‭ ‬sí,‭ ‬aunque nunca me imaginé del otro lado de la página.‭ ‬Pero un buen día,‭ ‬a mis veinte‭ ‬años‭ ‬más o menos,‭ ‬descubrí el enorme gozo de la escritura al lado de mi hermano Javier.‭ ‬Y me quedé con ella.
‭ ‬Yo jamás me imaginé escribiendo libros para niños y jóvenes‭; ‬pero ocurrió que un sábado como cualquier otro,‭ ‬a mis treinta y tres años,‭ ‬repentinamente‭ ‬me vi absorto escribiendo una historia de un niño de la calle cuyo mayor anhelo es tocar las nubes del cielo.‭ ‬Y me quedé para siempre.
‭ ‬Creo que existe un murmullo al interior de cada ser humano que le indica el camino a ese punto de su vida en el que se siente profundamente agradecido.‭ ‬Y enormemente afortunado.‭ ‬Y creo que todos nacemos con esa música interna.‭ ‬Pero entre más crecemos,‭ ‬más nos vamos haciendo sordos a ella.‭ ‬Llega un día en que nos parece una tontería tirarnos de espaldas en el pasto de algún parque y ese murmullo se vuelve prácticamente inaudible.
‭ ‬Mi único talento en‭ ‬la vida ha sido tener el radar prendido.‭ ‬No cerrar los ojos ante ciertos destellos de luz.‭ ‬Nunca haber dejado de escuchar ese murmullo interior.
‭ ‬Mi único talento ha sido reconocer que con la lectura,‭ ‬con la escritura,‭ ‬con las letras para niños y jóvenes se incrementaba poco a poco esa música del alma.‭ ‬Y que nadie en su sano juicio renunciaría a una cadena de bendiciones como esa,‭ ‬aunque no la hubiese buscado en principio,‭ ‬aunque jamás se hubiera imaginado dando una charla en una escuela primaria en Bucaramanga,‭ ‬o contestando correos sobre la cuarta parte de una saga,‭ ‬o firmando libros hasta que le duela la mano o consolando algún lector porque se atrevió a matar un personaje.‭
Mi único talento en la vida ha sido reconocer que tal vez la felicidad estaba en otra parte.‭ ‬Y desplegar las velas en esa dirección.
‭ ‬Imaginen,‭ ‬por favor,‭ ‬a Toño Malpica niño.‭ Con suéter gris, camisa a rayas‬,‭ ‬con anteojos,‭ ‬leyendo de unas hojas…
Imaginen‭ ‬por favor‭ ‬a Toño Malpica‭ ‬recibiendo un premio gordo gordo gordo.‭ ‬Uno más padre que el del mejor futbolista del año.
‭ Y permítanle decir:
‭ ‬Muchas gracias a mis padres por haberme dejado jugar tanto.
‭ ‬Muchas gracias,‭ ‬Javier,‭ ‬por haberme metido en este embrollo.
‭ ‬Muchas gracias Laura,‭ ‬por estar ahí desde el principio.‭ ‬Muchas gracias Bruno y Marifer por jugar todos los días conmigo.
‭ ‬Muchas gracias a Ibby por fijarse en mí.‭ ‬A Fundación SM y los organismos que hacen esto posible.
‭ ‬Muchas gracias amigos,‭ ‬colegas,‭ ‬editores,‭ ‬lectores,‭ ‬todos los cómplices de las letras que me han acogido en este mundo impresionante.
‭ ‬Pero sobre todo,‭ ‬gracias Gus,‭ ‬gracias Ulises,‭ ‬gracias Tito,‭ ‬gracias Bruno Bellini,‭ ‬gracias Perico,‭ ‬gracias coronel Mejía,‭ ‬gracias Pepino,‭ ‬gracias Billie,‭ ‬gracias Oli,‭ ‬gracias Coqui,‭ ‬gracias señor Maré,‭ ‬gracias Margot,‭ ‬gracias Noé como el del arca,‭ ‬gracias Ruperto,‭ ‬gracias Sir Oswald,‭ ‬gracias Sergio,‭ ‬Brianda y Jop,‭ ‬gracias Margot,‭ ‬gracias nena sin nombre‭ ‬cuyo abuelo‭ ‬es‭ ‬poeta,‭ ‬gracias Conejo,‭ ‬gracias Archi y Pimpollo,‭ ‬gracias Philip,‭ ‬gracias Luis Martínez y su falta de miedo a la muerte,‭ ‬gracias Bribonzuelo,‭ ‬gracias Felipe Ku,‭ ‬gracias‭ ‬Estévez,‭ ‬corrector de estilo de nota roja,‭ ‬gracias Héctor y Hachecita,‭ ‬gracias Chano y los seis capitanes de todas las cosas,‭ ‬gracias‭ ‬Lorenzo del futuro,‭ ‬gracias‭ ‬Joel,‭ ‬gracias Quique y Hugo,‭ ‬gracias Tavo y Lulú,‭ ‬gracias Andrés Capellán,‭ ‬gracias Mario Balaustrada,‭ ‬gracias Simón,‭ ‬gracias Karen,‭ ‬gracias León abuelo y León‭ ‬niño.‭
Gracias‭ ‬a todos.‭ ‬Gracias‭ ‬por‭ ‬ayudarme a‭ ‬demostrar que la magia existe.
‭ ‬Imaginen,‭ ‬por favor,‭ ‬a Toño Malpica niño‭ ‬aquí frente a ustedes‭ ‬y atrevánse a decirle que no es el tipo con más suerte que conocen.

 
 
Dicho lo cual todo el mundo se fue a brindar a una terraza, incluso Marifer y Bruno.

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