«Seré poeta»

 
Ayer se cumplieron los 70 años de Nagasaki, que, siempre me ha horrorizado un poco más que Hiroshima. Little boy en Hiroshima fue como: “Mira qué fuerte puedo golpearte”. Fat Man, en Nagasaki: “Mira qué fuerte puedo seguirte golpeando si se me da la gana”.
Nunca entenderé la decisión de las dos bombas. Las muchas vidas que se hubieran salvado si le dan más tiempo a Japón para rendirse. Rusia ya se les había echado encima, ¿por qué no habrían de bajar las manos… eventualmente?
A propósito de tan bonito invento de la civilización moderna, Truman puso en su diario del 25 de julio de 1945: “Hemos descubierto la bomba más terrible en la historia del mundo.” (Y con qué empacho lo dices, Harry).


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Y respecto a su uso: “He dicho al secretario de guerra, Mr. Stimson, que deberá usarse de modo que objetivos militares y soldados y marinos sean el blanco, no mujeres y niños. (Ajá) Aún si los japoneses son salvajes, despiadados, inmisericordes y fanáticos… (Qué bonito habla usted, mr. President)”
Shinji Mikamo, sobreviviente de la primera bomba, sostenía: “Los estadounidenses no tienen la culpa, la guerra tiene la culpa. La falta de voluntad de la gente para comprender a aquellos que tienen valores diferentes, eso es lo que tiene la culpa”. Tal vez era su modo de decir que tampoco los japoneses eran unas blancas palomitas. Pero no se puede decir que el odio, así en abstracto, sea el culpable de nada. Las bombas las tiran seres humanos. Los golpes los tiran seres humanos. Contra otros seres humanos. Y lo único que nos salva como especie es ese momento en que se decide no continuar. Dicen que los estadounidenses estaban listos para arrojar una tercera, una cuarta… pero pararon a la segunda. Ajá. Great. ¿Y eso los disculpa? Ni a ellos ni a nosotros. Pudieron detenerse en la primera. O antes de arrojar la primera. Los japoneses pudieron no haber atacado Pearl Harbor. Los alemanes pudieron no haberse tragado las peroratas de aquel loco del funny bigotito. Los persas en las Termópilas, por su parte…
En fin.
No es el odio. O la incomprensión. Chale. Somos los seres humanos.
Afortunadamente, siempre habrá alguien que dice en voz alta: “Seré poeta” mientras otros se están dando con todo en algún lugar del mundo.


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