Carta abierta a una artista adolescente

 
Querida Luna, con tristeza me enteré que, al escuchar unos pianazos que di en Facebook, te deprimiste y quisiste dejar la música para siempre (algún día me enteraré si te pareció tan horrible que te enfermaste del estómago o tan otra cosa que te enfermaste del estómago). Así que quise escribirte para decirte lo siguiente.

 
Primero… no te auto exilies del arte; es un país muy grande y cabemos todos. ¿Recuerdas ese momento en que escuchaste por primera vez las variaciones Goldberg y te sentiste como en casa? Pues es que estabas en casa, en esta patria en la que cabemos todos: los que disfrutan del Deathmetal más hardcorero hasta los que gustan del Johan Sebastian más hardcorero. Cosa de acomodarnos bien y no descobijar al de al lado.

 
Segundo… ya que has decidido pararte de este lado del telón y hacer, como yo, tus propios desfiguros, te diré que tienes dos responsabilidades. La primera: escuchar atentamente a tu voz interior y obedecerla. ¿Esa vocecita que te dice… esto está muy ñoño, esto está muy fresa, esto está muy punk, esto está muy chido? Hazle caso. Si eres honesta, te descubrirás haciendo cosas que te gustan y te parecen chidas y te hacen sentir como en casa. La segunda: Escuchar atentamente a esa voz exterior, la de tu público, y aprender a usarla _sólo_ como punto de referencia. ¿Esas vocecitas que te dicen esto está muy ñoño, esto está muy punk y etcétera? Atiéndelas pero no las obedezcas ciegamente. Si eres honesta, nunca te descubrirás haciendo cosas que no te gustan ni te parecen chidas sólo para hacer que esas voces se sientan como en casa.

 
Tercero… comprenderás que cada voz es distinta, y lo que a ti te parece muy chido a otro le puede parecer muy ñoño o viceversa. Está bien. Nunca te deschongues con otro artista por tonterías ontológicas como “lo mío es arte y lo tuyo una sopa campbells, sólo que en fa menor”.

 
Cuarto… Nadie crea sólo para sí mismo, así que, si tienes algo que decir, dilo. Y abiertamente. En Twitter o en el auditorio de la escuela o en el andén del metro. Esa compulsión ya te mete en el elenco. Y si alguien lo quiere escuchar y a ti te hace sentir bien y al otro también, ya estás, hasta un posible club de fans tienes. Pero artista eres desde que obedeces ese impulso de no callarte la boca… sólo que en fa menor.

 
Y Quinto… que nunca dependan tus ganas de hacer ruido de lo poco o mucho que suenen los pianazos (o los guitarrazos o los batacazos) de otros artistas. Recuerda siempre que nadie, absolutamente nadie (ni siquiera Horowitz si reviviera) podría tocar como tú al piano (o a la guitarra o a la bataca) las rolas que llevas al interior. Porque sólo hay una Luna Mendhoza Aura en el universo. Y eso hace única, e irrepetible, tu música. Y, créelo o no, el universo entero está esperando, y ansiosamente, por escucharla.

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